El sueño perfecto. Primera parte
N o sé exactamente si estaba dormida; tal vez estaba despierta o quizá estaba en medio de las dos fases, perdida en el limbo, a la salida del dominio de la realidad y a la puerta del reino de los sueños donde todo es posible. Es bastante difícil determinar dónde termina uno y comienza el otro, pero supongo que es en ese brevísimo espacio donde el tiempo es infinito y los escenarios cambian en un flujo continuo en el que se desarrolla mi visión maravillosa. Sería una mentira decir que no sentía nada pues, por el contrario, todas las sensaciones que se pueda uno imaginar corrieron hacia mí como una estampida, como un torrente, como un diluvio o un huracán. Me envolvieron como envuelve la seda al cuerpo desnudo: suave y arrebatadoramente a la vez.