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Mostrando entradas de septiembre, 2009

El sueño perfecto. Tercera parte

Corrí y en ese momento sentí que a mis tobillos les nacían alas, porque el trayecto desde donde yo me encontraba hasta dónde estabas tú, no duró más que lo que dura un latido del corazón. Arrojé mis brazos alrededor de tu cuello y únicamente pude sentir cuando tú arrojaste los tuyos alrededor de mi cintura. En ese instante se encendió una llama ardiente que corrió por mis venas con la velocidad frenética con la que corren a encontrarse el fuego y la pólvora rumbo a su beso explosivo y fugaz. Me sentí clavada en aquel sitio como si hubiese sido atada con cables de acero y al mismo tiempo, ligera e ingrávida como una pluma. Mi estado era una burla descarada contra la fuerza de gravedad. Acalorada como una tarde de verano y fría como la mañana de Enero. Parecía que mi cuerpo en llamas respondía a la frescura de tu piel con la misma necesidad con la que recibe el árido desierto a una lluvia torrencial. Acerqué mi cara a la tuya y tu aliento me acogió como acoge la flor al ...

Te miro, te callas...

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T e miro, te callas Me llamas, me extrañas ¿Qué ha pasado entre nosotros que ha surgido una distancia velada? Las horas se dividen en minutos los minutos en segundos y los segundos en fragmentos mil sobre todo de color gris Días grises y tardes calladas noches que gritan, miradas que atrapan el misterio velado la muerte invisible la boca que calla las horas amargas y las lágrimas plateadas que adornan la noche estrellada la noche que grita, la noche que calla callada, shhh... en silencio ¡guarda silencio noche estrellada! Grito, silencio, murmullo, lamento componen de tu rostro el descontento Dios mio ¡rompe el silencio! con una sola de tus palabras... Te llamo, te extraño Me miras, me callo Lloramos por la ausencia del verano pasado.